Me llevó a la cama en brazos, y me acurrucó en sus brazos como si fuese una niña.
Me acariciaba el pelo con suma delicadeza, y me daba besitos en la frente.
Me tumbé a su lado, me colé entre sus sábanas y me apoyé en su pecho.
El latido de su corazón me tranquilizaba y era lo único que quería escuchar.
Sonreí.
Todavía no habíamos intercambiado palabra alguna.
Pero las palabras sobraban. Sus manos en mi cuerpo y las mías en el suyo era lo único que necesitábamos.
Me volví a acurrucar junto a él y me quedé dormida.
Cuando me desperté le miré y vi como dormía, era la persona más dulce del mundo.
Parecía tan vulnerable que me vi con la obligación de abrazarle más fuerte.
Abrió los ojos lentamente y me besó en los labios por primera vez en toda la noche...
No hay comentarios:
Publicar un comentario