jueves, 26 de noviembre de 2009


Cual adolescente quince añera enamorada, sonrío cuando oigo sus elogios. Puede resultar difícil de entender, que el corazón se acelerecual conejo que va a ser cazado, o que millones de mariposas revoloteen por el estómago como alma que lleva a diablo. Casi se puede notar como agitan las alas. Chispeantes luces prenden mis ojos que se llenan de luz al ver que apareces. Y mis dientes aparecen a través de mis labios, y unos hoyuelos impregnan mis mejillas, sonrojadas, por cierto. Y te acercas y dices:
-Hola.
Y con mucho, muchísimo animo, tanto como me es posible respondo:
-Buenos días! ¿qué tal?.
Y con eso, ya soy feliz.


Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.



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